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Cinco consejos para
recuperarnos en verano
Bost aholku udaldian norbera baratzeko
Está
claro. Las vacaciones no es un período para dejar transcurrir los días y
las horas sin hacer nada provechoso, y sin más objetivos que tomar el
sol. Las vacaciones es un tiempo para recuperarnos física y síquicamente
del desgaste producido durante el curso concluido y para seguir
creciendo como personas.
Dejamos
cinco consejos para descansar a fondo, reparar nuestras fuerzas mermadas
y ganar en personalidad humana y cristiana.
1.- Selecciona un par de libros a leer.
Uno de formación religiosa y otro que te
haga disfrutar de la belleza del arte o de la literatura. Nuestras
mentes y nuestro espíritu, si no se alimentan, se atrofian. ¡Hay que
enriquecerse! Aprovechemos el verano para
ello,
2.- Celebra todos los domingos la Eucaristía con
otros.
Durante
los meses de julio y agosto, son muchos los que nos trasladamos a otros
lugares. No dejemos de celebrar la Eucaristía en el "Día del
Señor". Allí donde estemos, nos
encontraremos con otras comunidades cristianas, probablemente distintas
en las formas, y con otros cristianos, a los que, quizás, no conozcamos.
Pero, tengámoslo en cuenta, son células de la misma Iglesia, miembros de
la misma Iglesia. El verano es un tiempo precioso para sentirnos
Iglesia, más allá de nuestra parroquia.
3.- Recuerda y siéntete unido a tu comunidad
parroquial.
Aunque
estés lejos, no olvides a tu comunidad de origen. Ella te tendrá
presente durante todo el verano, ¿Por qué no rezas todos los días por
ella, por sus grupos y actividades, para que sea una parroquia viva y
dinámica, que dé testimonio de
Jesús?
4. -Cultiva la amistad, la cercanía, el
detalle.
Durante el
al año andamos siempre de prisa, sumidos en numerosos quehaceres y
trabajos. El verano puede ser un tiempo precioso para cultivar la
amistad y la cercanía, para hablar con los nuestros, despacio, sin
prisas; para tener detalles de ternura hacia quienes nos rodean y nos
colman de afecto, y a quienes, frecuentemente, no correspondemos.
5.- Cinco minutos de silencio
contemplativo y oración, todos
los días. Durante el curso hay mucho
ruido en nosotros, y el ruido nos va comiendo y chupando la sangre.
Cinco minutos de oración te permitirán escuchar a Dios que habla
especialmente en el silencio, te ayudarán a recuperar la paz y serenidad
ante la vida. ¡Sólo cinco minutos! ¡Es la mejor zona verde para el
descanso total! Te sentirás
renovado.
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