CONTRAPORTADA

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Comienzo de curso Tu fichaje estrella Si el mundo fuera una aldea
Decálogo de la ternura Quiero quedarme en tu casa ¿Cómo que no existe?
Con el tiempo Mandar no es El porqué de nuestra alegría
Padre nuestro La viejecita Nombres
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NOMBRES

 

En vísperas de las fiestas navideñas, el evangelio nos recuerda un hecho aparentemente intrascendente y sin importancia alguna para nosotros. A José se le indica que ponga a su hijo el nombre de Jesús (Yahveh salva) porque "él salvará a su pueblo de los pecado?.

Sin embargo, en la cultura hebrea, imponer el nombre al hijo era un acto de gran importancia pues significaba dar un sentido a la vida del niño.

En poco tiempo han cambiado profundamente entre nosotros los criterios para elegir los nombres que llevarán los hijos durante toda su vida.

Todavía hay quienes siguen poniendo a sus niños el nombre de su padre, su madre, sus abuelos o algún ser querido, siguiendo la tradición familiar.

La mayoría actúa de otra manera. Hay quienes se fijan sobre todo en la sonoridad de las palabras y buscan un nombre que suene bien, incluso aunque no contenga significado alguno.

Otros piensan en algo que evoque otros tiempos más arcaicos. Bastantes eligen un término que sugiera el mundo de la naturaleza o algún recuerdo entrañable para sus padres.

Más de uno recurre a cualquier nombre con tal de que quede lejos de cualquier influencia cristiana.

Pocos son los que, dejando de lado criterios tan ligeros y superficiales, se fijan en razones más profundas, sencillas y cristianas.

Durante muchos siglos los cristianos han elegido para sus hijos nombres de santos y santas, conocidos por su seguimiento incondicional a Jesucristo. Esta costumbre, hoy más desprestigiada, tiene, sin embargo, un hondo contenido.

Al atribuirle al niño este nombre, se le confía a un compañero de camino para toda su vida. Al mismo tiempo, se pone ante sus ojos un proyecto de vida que le sirva de ejemplo a seguir y de estímulo que aliente su vida cristiana.

Por otra parte, es una manera sencilla y honda de introducir al niño en la comunión de los hombres y mujeres que caminan hacia la vida eterna de Dios.

Vivimos en una sociedad que va perdiendo sus raíces cristianas. Muchos de nuestros jóvenes ya no llevan un nombre cristiano. No sabemos invocar a los santos.

Sin embargo, creyentes e increyentes, todos tenemos un nombre en el corazón de ese Dios que ha querido compartir nuestra vida. A todos y cada uno de nosotros nos conoce y nos llama por nuestro propio nombre.

 

 

LA VIEJECITA
 

En todos hay siempre mucho de positivo

Cuentan de una viejecita que nunca, nunca, nunca... hablaba mal de nadie.

Un día murió un hombre, conocido por todos, que parecía reunir todas las miserias, defectos y desgracias: era un vago, un ladrón, un borracho y, encima, pegaba a su mujer y a sus hijos pequeños. .. ¡Vamos!, una verdadera calamidad, un auténtico estorbo para la vecindad.

La noche de su muerte, en el velatorio, llegó la viejecita a la sala en la que se rezaba por el difunto. Todos se miraban y se decían para sí: "Seguro que de éste no dice nada bueno".

La viejecita estuvo un momento callada. Estaba claro, parecía que, efectivamente, no tenía nada que decir.

Pero mientras todos pensaban esto, al fin, habló:

"Sabía silbar... la verdad es que daba gusto oírle cuando pasaba por debajo de mi ventana todas las mañanas. Lo echaré de menos".

 

Padre nuestro
«a toda pastilla»
 

 

Padre nuestro... ¿dónde te has metido? Mira que te esperamos, deja todo lo que tienes entre manos y ven aprisa... Llega la hora y tenemos todo «patas arriba» ¡Te necesitamos!

Que tu nombre suene por los altavoces de los centros comerciales, que seas reclamado en los estadios de fútbol, en las grandes convenciones, en los hospitales, en los centros de trabajo..., incluso hasta en el Congreso de los diputados..., pero sobre todo y ante todo, que tu nombre suene en nuestros corazones.

Venga a nosotros tu reino, tu persona, ¡sí! Cuanto antes, acude rapidito y no te entretengas por el camino, a ver si entre todos arreglamos este desaguisado en el que hemos convertido tu mundo, nuestro mundo.

Hágase tu voluntad, confiamos en tu justicia, sabemos que tu venida nos descolocará y a más de uno nos saldrán los colores, pero te necesitamos tanto que...

Danos hoy tu pan, llevamos mucho tiempo esperando, atiborrándonos de mediocridades. Que tu pan, tu palabra, tu persona, sacie nuestro apetito, el que surge de lo más profundo de nuestro corazón.

Perdona nuestras ofensas, sobre todo nuestra «pachorra» y es que se está tan bien sin preocupaciones, que muchas veces desearíamos que Tú no vinieras, que todo siguiera como está.

Solamente tu venida nos ayudará a perdonar de corazón a nuestros hermanos y a transmitirles «esperanza de la buena,» de la quien pone cada día su mano en el arado, sabiendo que otra Mano vendrá y sostendrá las nuestras y llegará allí donde nosotros no lleguemos.

No nos dejes caer en la tentación de seguir como hasta ahora, de cerrar a cal y canto nuestros corazones y no permitir tu entrada. Sabemos que Tú empujarás la puerta a poco que la dejemos abierta o incluso cerrada, pero que al menos veas la luz que pasa por debajo. También sabemos que si cerramos nuestro corazón con llave y nos quedamos en tinieblas, Tú nunca forzarás la cerradura.

Y líbranos de «coger número» y marcharnos, pues corremos el peligro de que, otro año más, Tú vuelvas y no nos encuentres...

Amén. Es Adviento. Jesús está a punto de perder «todos los puntos» por llegar a tu vida con toda prontitud... Y tú ¿qué estás dispuesto a hacer para preparar su venida?...
 

JOSÉ MARIA ESCUDERO
 

 

EL PORQUÉ DE NUESTRA ALEGRÍA
 

La fuente de nuestra alegría es más bien secreta y misteriosa. No viene, desde luego, de este mundo. El cristiano se goza más en el servicio que en el poder, más en la pobreza que en el confort, más en el anonimato que en el éxito. No es una alegría que tenga relación directa con el placer o la comodidad o la fortuna. Tampoco es cuestión de temperamento o de receta psicológica o de terapia vitalista. Está en las antípodas de la diversión prefabricada o del fármaco hedonista o de las euforias del alcohol.

La alegría cristiana viene del Señor. Es un don o fruto del Espíritu.
 

DÍEZ (10) RAZONES PARA LA ALEGRÍA

El cristiano se alegra:

1. Porque se siente inmensamente amado.

2. Porque ha dado sentido a su vida, que no es otro que el amor.

3. Porque nunca se siente solo. Vive siempre el gozo de la comunión, tanto hacia dentro —íntima comunión divina— como hacia fuera —gozosa comunión con los hermanos—.

4. Porque ya no teme nada. Sabe que está en buenas manos, y se siente enteramente y constantemente protegido.

5. Porque asegura el cumplimiento de su esperanza y deseos. Sabe de quién se fía.

6. Porque se siente salvado. Posee ya las arras del Espíritu, «que a vida eterna sabe».

7. Porque convierte su trabajo en vocación.

8. Porque puede iluminar sus realidades oscuras, como el sufrimiento, la limitación y el fracaso. Todo lo relativiza, con gran sentido del humor.

9. Porque está seguro que nada, ni sus pecados, le apartarán de su Absoluto, de su Amor. Por eso, sabe reírse de sí mismo.

10. Porque, gracias a Cristo, incluso la muerte se le convierte en Pascua. Es por eso el hombre de la mayor esperanza.
 

POR EL AMOR

Todas las razones vienen a resumirse en una: el amor. Sólo el que se siente amado y el que ama, puede vivir la intensa y grande alegría.

Lo que pasa es que no conozco nada del amor, y menos aún del amor de Dios. El amor no busca motivos para amar. El amor de Dios siempre es gratuito. La belleza y la perfección nunca es la causa del amor de Dios, sino el efecto. Su amor nos crea, nos recrea, nos deleita y nos santifica.
 

 

Mandar no es

Situarse en una situación de privilegio que permita vivir cómodamente sin hacer nada.

  • Aprovecharse de las ventajas de un cargo.

  • Hacer temblar a quienes nos rodean tratando de descargar en ellos los sinsabores de los que antes fuimos víctimas.

  • Hacer sufrir a los colaboradores los altibajos de humor derivados de nuestras circunstancias personales.

  • Apoyarse en los subordinados como columnas sobre las que medrar, inmovilizándolos más a ellos en el sitio donde se encuentran.

Mandar es

Convertir en propia la tarea que se nos ha encomendado poniendo en ella todo el interés que se pone en las cosas propias.

  • Integrarse en el equipo de personas que nos han sido dadas como colaboradores.

  • Marchar delante con el ejemplo, a la hora de la dificultad.

  • Luchar por los intereses de los subordinados, que es una de las formas más eficaces de luchar por los intereses de la empresa.

  • Crear un ambiente de confianza en el propio equipo y de armonía y colaboración con los equipos ajenos.

  • Mandar es oír, porque sólo quien sabe escuchar llegará a un hondo conocimiento de los problemas.

  • Prever, porque el jefe que no se adelanta a los acontecimientos se verá desbordado por ellos.

  • Organizar los medios, las personas, y a sí mismo, planificando debidamente el propio trabajo.

  • Actuar: el jefe que quiera de verdad hacer honor a su nombre se esforzará por suplir con su inteligencia, habilidad y comprensión tanto las limitaciones y lagunas propias como las de quienes le rodean: superiores, iguales o subordinados.

Eso es optar por una empresa más humana.

¿Podemos aplicarlo a la familiar?

 

 

CON EL TIEMPO...

 

Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado.

Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.

Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma.

Descubrirás que llevas años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida.

Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, que no importa lo que tienes, sino a quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son li familia que nos permitimos elegir.

Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuando será la ultima vez que las veamos.

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencias sobre lo que hacemos nosotros.

Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar.

Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.

Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a dónde te diriges y, si no lo sabes, cualquier lugar sirve.

Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario afrontando las consecuencias.

Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.

Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayude a levantarte. Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias que con los años vividos.

Aprenderás que hay más de tus padres en ti de lo que supones.

Aprenderás que nunca se debe decir á un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y seria una tragedia si la creyese porque le estarías quitando la esperanza.

Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel.

Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman pero que no saben cómo demostrarlo. No siempre es suficiente ser perdonando por alguien; algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.

Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.

Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.

Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma en vez de esperar que alguien te traiga flores. Entonces y sólo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar, que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no podías más.

¡Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de afrontarla!

 

 

¿CÓMO QUE NO EXISTE...?

 

"Un hombre fue a una barbería a cortarse el pelo y a recortarse la barba. Como es costumbre en estos casos entabló una amena conversación con la persona que le atendía. Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas. De pronto tocaron el tema de Dios, y el barbero dijo:

Fíjese, caballero, que yo no creo que Dios exista, como usted dice.

Pero, ¿por qué dice usted eso?, preguntó el cliente.

Pues es muy difícil, -dijo el barbero-. Basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe. O dígame: ¿acaso, si Dios existiera, habría tantos enfermos, habría niños abandonados? Si Dios existiera no habría sufrimiento ni tanto dolor para la Humanidad. Yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.

El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión.

El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería, cuando vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo (al parecer, hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado). Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero:

¿Sabe una cosa? Los barberos no existen.

¿Como que no existen? -preguntó el barbero-, si aquí estoy yo y soy barbero.

¡No! -dijo el cliente-. No existen porque, si existieran, no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.

¡Ah!, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen a mí, explicó el barbero.

!Exacto! -dijo el cliente-. Ese es el punto. Dios sí existe; lo que pasa es que las personas no van a El y no le buscan por eso hay tanto dolor y miseria".

 

 

"QUIERO QUEDARME EN TU CASA"

 

Se llamaba Zaqueo y era pequeño. Lo de la estatura es lo de menos. Por lo que se ve, era pequeño por otros conceptos: Zaqueo se movía en su pequeño mundo, donde él era el reyezuelo, donde hacía y deshacía a su antojo. Pequeño y miope, arrastrándose por el polvo entre las monedas que iba arañando a sus víctimas, y con cuyo tintineo pretendía acallar su soledad. A los otros, imposible verlos, su vista sólo alcanzaba a divisar las bolsas de donde salían las monedas. Todo lo que quedaba detrás de las bolsas: el sudor de los otros, el sufrimiento, el hambre, la rabia y la humillación... todo eso estaba fuera de su campo de visión.

Pero su isla, aunque repleta de monedas, se le hacía cada vez más pequeña hasta ahogarle. "Tal vez, se pregunta, ¿hay algo más allá de mi isla?"

Y con esta preocupación empieza a avivar su vista y sus oídos para encontrar algo o alguien que le libere de su aislamiento.

En su pequeño horizonte aparece una silueta. ¿Será quien puede salvarle? Pero esa silueta no viene sola, está rodeada de otras muchas... Es peligroso. "Habrá que subirse a un árbol para verlo tranquilamente sin que los otros me molesten". Y de esta forma pretende dar el primer paso, saliendo al encuentro, sí, pero bien protegido.

Y llega Jesús, rodeado de gente. Con Jesús, siempre vienen "los otros". Ve aquel "náufrago" que quiere salir de su isla y no sabe cómo. Jesús se le acerca, va a su encuentro, y le da la solución, no es cuestión de estar por encima sino abierto. "Baja, que quiero quedarme en tu casa". Zaqueo entiende perfectamente: "Deja tus defensas, permite que entre en tu casa, ponte en mis manos..."

Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Con Jesús entraron también "los otros". Y la isla de Zaqueo se convirtió en continente.

Desde este momento, las cosas ya no podían ser igual que antes: "los otros" comienzan a existir a los ojos de Zaqueo; se siente necesitado por ellos. Con el encuentro, una actitud nueva se abre paso en Zaqueo: compartir. Ya no está solo, la Salvación llegó a su casa. (Lc. 19, 1-9)

 

DECÁLOGO DE LA TERNURA

 

¿Me permiten sugerir el decálogo de la ternura?

1.- Todas las personas tienen urgente necesidad de dar y recibir amor. Aunque algunos pretenden lo contrario, si no dan o no reciben amor, la vida se oscurece.

2.- Para vivir y practicar la ternura no es necesario poseer grandes cualidades. Basta con decir con espontaneidad nuestro amor, sin avergonzarse de manifestarlo.

3.- La verdadera ternura se conjuga en voz activa y en voz pasiva. No sólo hay que dar ternura, sino que tenemos que recibirla con espontaneidad y con enorme alegría.

4.- La ternura debe expresarse con naturalidad y en todos los momentos de la vida. Pero, es mucho más imprescindible en los momentos tensos y difíciles.

5.- La ternura jamás se puede compaginar con el amaneramiento o la trivialidad. Mucho menos con la violencia o la agresividad.

6.- Expresar y vivir la ternura no significa ser débil, manejable, sino generoso y acogedor. La ternura no está reñida con la energía.

7.- La ternura no es exclusiva de la relación madre-hijo. La familia, los hermanos, los compañeros agradecen, asimismo, este sentimiento.

8.- A ser tierno se aprende cada día con amor. Nunca es demasiado tarde para comenzar a practicar.

9.- No se debe confundir jamás la sexualidad con la ternura. Si bien difícilmente podremos entender la verdadera sexualidad sin una delicada ternura.

10.- Dar, expresar, acoger y recibir ternura es siempre una muestra evidente de madurez.

¿Por qué privamos a los que nos rodean del bálsamo de nuestra ternura?

¿A qué viene seguir practicando la economía de las caricias en una sociedad cada vez más necesitada de encuentros amistosos?

 

SI EL MUNDO FUERA UNA ALDEA

DE CIEN PERSONAS...

 

"Supongamos que, respetando escrupulosamente los datos existentes sobre la Humanidad, redujésemos el mundo a una aldea de 100 personas. ¿En qué se convertiría? En esta aldea habría 61 asiáticos, 13 africanos, 13 americanos de los hemisferios norte y sur, 12 europeos y una persona de Oceanía; 52 serían mujeres y 48 serían hombres; 67 tendrían religiones diferentes del cristianismo y 33 serían cristianos; 6 poseerían el 59% de la riqueza global, y los 6 serían ciudadanos de Estados Unidos; 80 vivirían en condiciones inaceptables, 14 no sabrían leer, 20 sufrirían desnutrición, 1 se muere de hambre, mientras que 15 están demasiado gordos. Uno (sí, sólo uno) estudiaría en la universidad y sólo 2 tendrían un ordenador".

Si esta mañana, al abrir los ojos, has podido decir que gozas de buena salud, eres más afortunado que un millón de personas que no sobrevivirán a esta semana. Si es mañana al levantarte, has podido lavarte la cara y asearte, eres también más afortunado que el 20% de la población mundial que no tiene acceso al agua potable y que otro 40% que no dispone de un saneamiento adecuado.

Si no has sufrido ni una sola vez los peligros de la guerra, la soledad y los tormentos del encarcelamiento y los horrores del hambre, eres más afortunado que otros 500 millones de personas en el mundo. Si puedes profesar tu fe sin temor de ser perseguido, encarcelado, torturado o asesinado, tienes más suerte que otros tres mil millones personas en el mundo. Si tienes alimentos en la nevera, ropa para vestirte, un techo sobre tu cabeza, un lugar donde dormir, vives en una abundancia que no conoce el 75% de los seres humanos del mundo. Si tienes dinero depositado en el banco, dinero en la cartera o algunas monedas en un cajón de casa, perteneces al 8% de las personas más ricas del mundo. Si tus dos progenitores estén vivos y todavía estáis juntos, es algo realmer extraordinario.

Si puedes leer este mensaje, eres afortunado por partida doble. Esto quiere decir que, al enviarte este mensaje, alguien ha pensado en ti, y también eres mucho más afortunado que los dos mil millones de seres humanos que no saben leer.

Alguien dijo una vez: Lo que damos siempre nos es devuelto. Así, pues, disfrita trabajando como si el dinero no tuviera importancia, ama a los demás como si jamás hubieses sido herido, baila como si no hubiese nadie mirándote, canta como si no hubiera nadie escuchándote.

Y por encima de todo, ama el hecho de que tú y todos los demás vivís aquí, en esta aldea. Quizá si un número suficiente de nosotros aprendiese a amar esta aldea, todavía estaríamos a tiempo de salvarla de la violencia que la desgarra".

UNOS DATOS PARA PERSARLOS EN EL DIA DEL DOMUND

 

 

TU FICHAJE ESTRELLA

 

A ti amigo, que sabes de la dificultad que entraña fichar a un jugador que marque las diferencias y que, además, su contratación no suponga un agujero económico en tu ya ajustado presupuesto..., te informo de que:

• Se trata de un jugador que ha finalizado contrato con su antiguo club, por lo que ha quedado libre, de hecho el transfer está ya en camino. No tendrás que hacerte cargo de ninguna cláusula ni de ningún gasto adicional. Para que me entiendas, económicamente es un chollo.

• Viene con muchas ganas de triunfar. En declaraciones a diversos medios de comunicación, ha expresado su deseo de ingresar en uno de los grandes, y entre las opciones que baraja, la tuya es la que más le interesa. Tanta confianza tiene en ti, que le puedes poner la cláusula de rescisión que estimes oportuna, para que no te le arrebate ninún otro equipo.

• No ocupa plaza de extranjero. A pesar de que viene de tierras lejanas, ya hace mucho tiempo que te conoce y te sigue de cerca. Sabe de tus proyectos, de tus dificultades. Vamos, que es como un canterano, ¡uno más de la casa!

• No tienes porqué esperar un tiempo a que se adapte y se aclimate a su nuevo equipo y a su nueva patria. Incluso ni le tienes que poner un intérprete para hacerse entender. El habla un lenguaje universal que todos comprendemos sin necesidad de pasar por una academia.

• Es un jugador de esos que crean buen ambiente en el vestuario. Se interesa rápidamente por los problemas de sus compañeros y es capaz de privarse de su comodidad, de su familia, de su fama desorbitada e incluso de su elevada nómina al fin de mes, por sus compañeros y por su club.

• Siente los colores como el que más y transmite perfectamente ese sentimiento a la afición. Con esto quiero decirte que no le tienes que poner prima alguna para motivarle. Todo en él es pasión, espíritu de sacrificio, amor incondicional a su equipo... se gastará día a día, de esto no te quepa duda, por y para ti.

• Le puedes renovar cuando lo desees. No es de los que se sientan horas y horas (no tiene representante) a negociar el contrato. Es fiel a sus palabras, y no le gusta estampar con una firma la gran amistad que siente por ti.

• No se deja llevar por ofertas multimillonarias. En este sentido no se le suben con facilidad los galones a la solapa. Gozar de tu compañía es el trofeo más preciado que le queda por depositar en sus vitrinas.

• En cuanto a su juego no es un pichichi consumado, a pesar de que marque goles de hermosísima factura; tampoco es un central aguerrido, a pesar de que defiende muy bien su parcela. Su mayor calidad reside en la capacidad que tiene de repartir juego. Se adelanta a las necesidades de sus compañeros y sabe en cada momento qué necesita cada uno de ellos.

• Para que te hagas una idea más clara, podría estar tanto en el grupo de «los pavones» como en el grupo de «los zidanes»... Es decir, trabajará a destajo, lo que le convertirá muy pronto, a tu lado, en una gran estrella. Sin embargo en lugar de brillar él, hará que brilles tú, tu equipo. Eso sí, no se te ocurra proponerle contratos publicitarios. La publicidad se la tienes que hacer tú...

¿Quién puede ser?

Bueno, amigo, ¿sabes ya de quién te estoy hablando?. Pues del mismísimo Jesús de Nazaret...,

•... ¡No me digas que no vas a tener un hueco para incorporarle inmediatamente a tu equipo, a tu vida!

¡Venga, no te lo pienses demasiado! Vete preparando el dorsal.

 

 

COMIENZO DE CURSO:

MARCAR BIEN LOS OBJETIVOS

 

Había una vez, en un pueblo, dos hombres que se llamaban Joaquin González. Uno era sacerdote y el otro era taxista. Quiere el destino que los dos mueran el mismo día. Entonce llegan al cielo, donde les espera San Pedro.

-¿Tu nombre? - pregunta San Pedro al primero.

-Joaquin González,

- ¿El sacerdote? - No, no, el taxista.

San Pedro consulta su planilla y dice:

- Bueno, te has ganado el Paraíso. Te corresponden esta túnica con hilos de oro y esta vara de platino con incrustaciones de rubíes. Puedes pasar.

- Gracias, gracias.... -dice el taxista,

Pasan dos o tres personas más, hasta que le toca el turno al otro Joaquín González.

-¿Tu nombre?

-Joaquín González,

- ¿El sacerdote? - Si.

- Muy bien, hijo mío. Te has ganado el Paraíso. Te corresponden esta bata de lino y esta vara de roble con incrustaciones de granito.

El sacerdote dice:

- Perdón, no es por desmerecer, pero... debe haber un error. ¡Yo soy Joaquín González, el sacerdote!.

- Si, hijo mío, te has ganado el Paraíso. Te corresponden la bata de lino...

- ¡No, no puede ser! Yo conozco al otro Joaquín González, era un taxista, vivía en mi pueblo ¡era un desastre como taxista! Se subía a las aceras, chocaba todos los días, una se vez estrelló contra una casa, conducía muy mal, tiraba las farolas, se lo llevaba todo por delante... Y yo me pasé setenta y cinco años de mi vida predicando todos los domingos en la parroquia. ¿Cómo puede ser que a él le den la túnica con hilos de oro y la vara de platino y a mí esto?. ¡Debe haber un error!

- No, hijo mío, no es ningún error -dice San Pedro-. Lo que ocurre es que aqui, en el cielo, nos hemos acostumbrado a hacer evaluaciones como las que hacéis vosotros en la vida terrenal.

- ¿Cómo? No entiendo,

- Sí, ahora trabajamos por objetivos y resultados... Mira, te voy a explicar tu caso y lo entenderás enseguida: Durante los últimos 25 años, cada vez que tú predicabas, la gente se dormía; pero cada vez que él conducía, la gente rezaba.

Y... LOS OBJETIVOS SON LOS OBJETIVOS

  

Web de la Parroquia: http://www.svicentemartir-abando.org

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