<%@ Language=JavaScript %> Parroquia de San Vicente Mártir de Abando. Homilia Josetxu Canibe

 

 

DOMINGO, EL DIA DEL SEÑOR

 

 

 HOMILÍAS 

JOSETXU CANIBE

 

San Pedro y San Pablo Ciclo A  (29/6/2008)

 

UN DÚO HISTÓRICO

 

En el correr de los tiempos abundan las parejas, los dúos, que han llevado a cabo en todos los campos importantes tareas, por lo que han pasado a las páginas de la historia. Pedro y Pablo es una de estas parejas. No es frecuente que la liturgia del domingo sea sustituida por la de una fiesta. Sin embargo, así sucede con este domingo. Tiene preferencia la fiesta y, por tanto, la liturgia de San Pedro y San Pablo se impone. Dos santos, auténticas figuras en la historia, mejor dicho, en la fundación de la Iglesia y del cristianismo. San Pedro, como primer Papa y como primer responsable de la comunidad cristiana, una vez que Jesús ascendiera a los cielos, y Pablo, como el más influyente por sus escritos, por su actividad pastoral y por su protagonismo en los primeros años del cristianismo. Sin duda ninguna, a San Pablo le podemos valorar como el personaje más decisivo –después de Cristo naturalmente-  en los primeros pasos y en la consolidación y expansión del cristianismo.

Pedro visitó las primera comunidades cristianas, que se iban formando en Galilea y Samaría. Pablo que se convirtió a los treinta años aproximadamente (Es famosa la descripción que hace de su caída del caballo, de su conversión). Pedro escribió dos cartas, de Pablo conservamos trece. Los dos fueron hechos prisioneros, conducidos a Roma y condenados y crucificados en esta ciudad. En la segunda lectura Pablo hace un dibujo, una semblanza de su figura, que muchos quisiéramos para nosotros: “he combatido bien mi combate, he mantenido la fe. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, confiesa en una de sus cartas. De Pedro, imposible olvidar aquella escena emotiva, que tuvo lugar en la playa, después de la resurrección de Cristo, cuando Jesús le pregunta por tres veces: “Pedro, ¿me amas?”. A Pedro le dolió que le preguntara por tres veces, pues le recordaba su anterior triple negación, y le contestó: ”Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero”. No le hizo más preguntas, le bastaba con ésta.

Como apuntaba más arriba, tanto a San Pedro como a San Pablo no se conciben al margen de la Iglesia. Iglesia que está viviendo años difíciles, pero interesantes. Difíciles porque no acierta a responder a las inquietudes del hombre moderno, difíciles porque, como consecuencia, en varias zonas desciende el número de católicos. No obstante, optimista porque una corriente importante de la Iglesia busca nuevos caminos, no para adaptarse simplemente a los tiempos, ni para ser más simpática, ni para seguir la moda, sino para ser fiel a la intuición de Jesús y que la dio a conocer a lo largo de los tres años de su vida pública. Hoy muchos creyentes se acercan a la Biblia, a los evangelios, a la Palabra de Dios y esto augura encontrar lo auténtico.

Es cierto que la Iglesia irradia una imagen de cerrada y un tanto lejana, pero muchos creyentes han tomado nota de que tienen el reto de llevar a la Iglesia, en vez de dejarse  remolcar por ella. Jesús hizo una pregunta clave a sus apóstoles y a la gente que le escuchaba y hoy nos la dirige a nosotros: “¿quién dice la gente que soy yo?, y ¿vosotros qué decís?”. Entonces no salieron respuestas originales. Posiblemente tampoco ahora. Lo importante es que sea una respuesta fiel, basada en hechos. Pedro y Pablo dieron unas respuestas admirables con su vida. Si el primero dijo “¿a dónde vamos a ir, si tú tienes palabras de vida eterna?” refiriéndose a Cristo, Pablo confesó: “sé de quién me he fiado” y en otra ocasión exclamó: ”vivo yo, no vivo yo, Cristo vive en mí”.

                                                                 

Con este comentario, Josetxu Canibe, da por terminado el curso 2007-2008. Le agradecemos de corazón, sus estupendos comentarios, le deseamos un feliz verano y, Josetxu, HASTA SEPTIEMBRE.

 

 

12 domin. T. O. Ciclo A (22/6/2008)

MIEDO

Cuando Mateo escribió el evangelio de este domingo no soplaban vientos suaves en favor de los cristianos. Las comunidades, en las que pensaba el evangelista al redactar el texto que comentamos, sufrían persecución, les rodeaba un ambiente hostil. Por ello, para alentarles, recupera, rescata palabras dichas por Jesús a sus seguidores en situaciones difíciles, similares: “no tengáis miedo”, “no temáis”. Recomendación que repite hoy nada menos que cuatro veces. Sin duda ninguna, el miedo es un mal consejero, ya que nos paraliza, nos domestica, nos embrida, incluso nos somete,  esclaviza y nos incapacita para anunciar y denunciar. Cuando el miedo nos invade, perdemos independencia, libertad, renunciamos a decir o a hacer lo que juzgamos oportuno. Por ello no extraña que Jesús insistiera tanto en este punto. Sencillamente valoraba el peso negativo del sentimiento del temor. El Papa Juan Pablo II solía insistir y recordar estas palabras de Jesús, sobre todo en los encuentros multitudinarios con los jóvenes. Actualmente se siente tanto el miedo que preferimos la seguridad a la libertad

Y no nos duele que nuestra libertad sea recortada con tal de que la seguridad se vea fortalecida.

Podemos tener miedo al fracaso, a un atentado terrorista, a perder un porcentaje de nuestro nivel de vida, miedo al paro, a los exámenes, a la vejez, a la enfermedad, a hacer el ridículo, y también miedo a manifestarnos como cristianos, como seguidores de Jesús. Es verdad que vivimos en una sociedad democrática, en la cual, en teoría, el miedo apenas se debiera notar. Pero esta misma sociedad ha decretado lo que es correcto políticamente, correcto religiosamente y correcto socialmente y quien se sale de esos parámetros, de esas normas se expone a que el entrono le declare indeseable y, por tanto, le rechace. Basta recordar las reacciones que provoca el que alguien comente que abandona el grupo o se ausenta  porque va a misa o a una reunión parroquial.

Más aún, Jesús no se contenta con que no tengamos miedo. Nos anima a dar un paso más, a alistarnos valientemente a su causa, al decirnos: ”si alguien se declara a favor mío delante de los hombres, también yo me declararé a favor suyo delante de mi Padre”. Precisamente San Juan Bautista, cuya fiesta celebramos el próximo 24 de junio, representa un ejemplo destacado.

El miedo no desaparece recurriendo a la diversión desmadrada o al alcohol, Jesús expone algunas razones por las cuales venceremos el miedo. No sé si nos convencen todos los argumentos. El primero se fundamenta, por ejemplo, en que nada quedará oculto, pues todo llegará a conocerse. Solemos afirmar que la verdad, aunque lenta, termina por vencer. Pero en ocasiones llega tarde y, si llega tarde, quizá ya no interesa. Más sólido me parece cuando declara que no tengamos miedo a los que sólo pueden matar el cuerpo, sino a quienes pueden destruir el cuerpo y el alma, es decir, a quienes nos pueden arruinar como personas. Más concluyente juzgo la invitación que nos hace a confiar plenamente, de forma inquebrantable en Dios, porque si se preocupa de los gorriones, que valen mucho menos que nosotros, cómo no va  interesarse por nosotros. Naturalmente que esto no es cuestión de decirlo, sino de sentirlo, de sentir la mirada paternal de Dios. Esto lo vivía  Teresa de Ávila cuando exclamaba: ”¡Nada te turbe, nada te espante, sólo Dios basta!”. Personas así trasmiten una brisa de serenidad y de confianza en la vida envidiable.

Hoy nos encontramos con una dificultad consistente en que “el más allá”, al que alude Jesús varias veces en el texto de hoy, apenas se cotiza, a diferencia de otras épocas, pues en todo lo que se relaciona con la vida eterna exigimos muchas explicaciones. Pero también contamos con una ventaja: nuestra idea de Dios ha evolucionado y hemos pasado de un Dios autoritario y que amenaza con la condena a un Dios cercano y compasivo, lo cual se aproxima más a la imagen que Jesús intentó comunicarnos a lo largo de su vida pública. Creer en Dios, supone confiar en Él, abrirse a la trascendencia, a la esperanza, a superar el desvalimiento, que con frecuencia  envuelve al hombre. Un confiar que se nos hace un tanto cuesta arriba al tener la sensación de que Dios está perdiendo batallas. Por lo cual resulta plenamente actual el grito de Jesús: ”no tengáis miedo”.

                                                                        

 

11 domin. T. O. Ciclo A (15/6/2008)

 

TAREAS QUE NOS ESPERAN

 

No sé si todos estamos de acuerdo con el comentario que hace Jesús al ver a la muchedumbre que le seguía. “Se compadecía de ella, de las gentes, porque estaban abandonadas como ovejas que no tienen pastor”. Pues hoy  mucha gente se siente libre, orgullosa, independiente. No obstante, hay quienes, según momentos y circunstancias, se ven manipulados, impotentes, ninguneados, de tal suerte que las valoraciones o juicios dependen de quiénes y cuándo se emita el punto de vista. Más de una vez nosotros mismos hemos coincidido con la opinión de Jesús y hemos exclamado “¡Pobre gente!”. Cuando uno fija la vista en lugares como Palestina o en personas como la niña de Huelva Mari Luz, que desapareció en el mes de enero pasado y fue encontrada flotando en el mar junto a su casa, o cuando observamos a un grupo humano sin ideales, sin proyectos, errante, brota la exclamación “como ovejas sin pastor”. Pero sucede también que  otro tipo de personas ven la vida con elevado optimismo, porque se sienten realizadas.

La experiencia nos dice que hay quienes piensan que no hay necesidades y, si las hay, nada se puede hacer para resolverlas. Sin embargo, para Jesús había y hay mucho que hacer, muchas cosas que arreglar. Se necesitan más brazos dispuestos a trabajar para que este mundo funcione adecuadamente. “La mies es mucha y los operarios pocos”. Apunta a sus seguidores varias tareas: la primera rogar al dueño de la mies, porque la marcha de esta sociedad no depende solamente de nosotros. Dios pinta algo. Señala algunas tareas que debemos realizar. En primer lugar, proclamar que el Reino de Dios está cerca. Con frecuencia tenemos el convencimiento de que el misionero, en vez de predicar, debe dedicarse a construir casas o a abrir dispensarios o a enseñar a cultivar la tierra, porque es más efectivo. Sin embargo no es así. El enseñar a ser buen creyente ayuda extraordinariamente a hacer frente a la vida también en su aspecto material. El misionero, cuando evangeliza, prepara a su gente para la vida en todas sus facetas. Claro que después es necesario que las palabras se vean  corroboradas por hechos y acciones, que sirvan de complemento a la palabra. Incluso indica en qué dirección deben ir las acciones: a liberar, a sanar, a curar de todo aquello que nos impide ser felices, de todo aquello que nos oprime.

La pregunta sería qué realidades o qué actitudes nos rompen la convivencia, siembran el sufrimiento y frenan la construcción de una sociedad tal como la concibió Cristo. A esta tarea estamos todos invitados. Por ejemplo, en la actual crisis económica ¿cómo evitar que haya víctimas o gente que sufra gravemente?. Naturalmente que nosotros no podemos resucitar muertos, como apunta el evangelio. Pero podemos levantar al que está hundido. Podemos dar vida al hambriento. Y esto, aunque las circunstancias no soplen a favor, aunque la reunión o cumbre, que se ha celebrado en Roma la primera semana de este mes de junio contra el hambre, organizada por la FAO (organismo de Naciones Unidas para la alimentación) y con representantes de 183 países, haya resultado decepcionante. A pesar de todo el mandato de Cristo: dar de comer al hambriento sigue siendo válido y actual.

Para iniciar este cometido  Jesús escogió a los doce apóstoles. Para continuarlo hoy cuenta con nosotros.

Sólo Dios puede dar la fuerza, pero nosotros podemos sostener al desanimado. Sólo Dios es la vida, pero nosotros podemos contagiar a los demás el deseo de vivir.

¿Nos encontramos como ovejas sin pastor?. Si así fuera, no nos faltan testimonios, conductas, que nos abran horizontes y nos den luz.  Basta que detengamos nuestra mirada  en ciertas personas y prestemos atención a ciertas ideas de nuestro entorno.

 

                                                          

 

Inicio   

                                                                                                                                                                                                                                                                                               

Principal ] Tiempo Ordinario ] Nuestro correo ] Oración mensual ] Celebraciones litúrgicas ] Albia ] Sobre la liturgia ] Familia cristiana ] Sacramentos ] EL DOMINGO ] Homilías ] Lecturas del día ] Red de evangelización ] Contraportada ] Mensaje para la semana ]

Exclusivamente para uso privado. No reproducir.

Principal ] Tiempo Ordinario ] Nuestro correo ] Oración mensual ] Celebraciones litúrgicas ] Albia ] Sobre la liturgia ] Familia cristiana ] Sacramentos ] EL DOMINGO ] Homilías ] Lecturas del día ] Red de evangelización ] Contraportada ] Mensaje para la semana ]

Exclusivamente para uso privado. No reproducir.