<%@ Language=JavaScript %> Parroquia de San Vicente Mártir de Abando. Réflexion  Marie   Leconte  Francés-Español. Traduccion Elena Ochoa de Eribe. Bilbao

 

 

Marie   Leconte

Réflexion

Traducido por Elena Ochoa de Eribe

 

Nuestra finitud

 Bilbao 23/11/08

Es para ayudarnos a trazar el camino de nuestra vida terrestre por lo que Jesús se ha encarnado.

Viniendo a compartir la vida de todos los hombre, El ha permitido a la humanidad comprender mejor los designios de Dios.

Pero este camino tiene para nosotros un fin, el día de nuestra muerte, tuvo incluso un comienzo el día de nuestro nacimiento, mientras que Dios no tiene ni principio ni fin.

"La finitud creada viene de que nosotros no somos Dios, aunque nuestro deseo sea vivir en comunión con la vida infinita y absoluta de Dios. La paradoja de la condición humana viene de que, siendo todos seres finitos, estamos invitados por vocación a ver a Dios y a vivir en comunión con El" (Bernard Sesbouë).

Gracias a Jesús, único mediador entre Dios y la humanidad, llega a ser posible tomar parte en esta eternidad espiritual cuya huella está ya escrita en nuestro espíritu, como una memoria. Así pues, llega a ser lógico asum ir la decisión de responder "si" o "no" a esta llamada interior cuando se manifiesta en nuestra consciencia.

Dios se invita a conquistar nuestro corazón, es ahí donde quiere hacer su morada, pero respeta nuestro libre albedrío. ¿Que va a suceder en nosotros según la elección de nuestra respuesta?. Si le respondemos afirmativamente, se abre una vía de diálogo en la confianza, la fe y la esperanza. En caso contrario, permanecemos en la ignorancia de Dios.

Por tanto este don gratuito y total de amar que nos propone compartir, nos ofrece la posibilidad de entrever  la dimensión infinita de su bondad y de percibir una parcela de su eternidad.

El ser humano no tiene la posibilidad de medir, cuantificar, encuadrar la noción de amor. Este amor está sobrepasado y de tal manera sobrepasado que nota bien que esto le entrena hacia otra concepción de la vida y de sus responsabilidades.

Henos aquí invitados naturalmente a este espacio intemporal de la noción de amor hacia Dios, primero porque lo hemos recibido de El, pero también del amor del prójimo, pues esta gracia debe ser comunicada a los que le ignoran. ¿Para qué serviría guardarlo para nosotros y no hacerlo crecer, con el riesgo de que se debilite y se destruya por nuestro egocentrismo?.

Como un jardinero que conservara el grano, pero no lo sembrara en la tierra, cuando podría alimentar a los que tienen hambre. Ocultaría la alegría de repartir su cosecha entre todos los convidados y al mismo tiempo que la satisfacción de nutrir su cuerpo, la de repartir calurosamente su dicha de sentirse amados.

Es así como hay que sembrar la Palabra para continuar el designio de Dios de agrandar esta sustancia divina como un alimento eterno.

Es escogiendo el sendero de la tolerancia, negociando la paz por el diálogo, a fin de evitar el sufrimiento de los hombres, como ya se prepara la vida de este "tiempo venidero".

"Cristo ha venido para establecer la perfecta comunicación entre Dios y la humanidad, es decir, para cumplir nuestra divinización" (Bernard Sesbouë).

"El tiempo del amor" está en cada uno de nosotros, es nuestro presente y nuestro futuro, en nosotros está impregnarlos de él para que poco a poco termine el tiempo del rechazo de la tolerancia y que pueda obrarse en todos "la auto comunicación de Dios", (Karl Rahner).

No olvidemos que somos mediadores los unos de los otros, siguiendo a Jesús, pues todos somos herederos espirituales de nuestro Padre y llamados a encontrarnos en la eternidad.

 

*Finitud: carácter de lo que es finito en el tiempo, se opone a lo que es eterno, inmutable.

 

 Bilbao, 16-11-2008

Los talentos espirituales

 

"Nadie puede huir de su corazón, es por lo que es mejor escucharle". P. Coelho

Se podría añadir que cada uno construye su propio juicio.

Entonces, henos aquí prevenido. Nuestro divino Padre ha querido hacernos compartir toda esta riqueza de amor que es la suya, pero nos ha dejado libres de tomar de ella tanto como deseemos e incluso de ignorarla.

Cada uno tomará sus responsabilidades en función de lo que ha recibido.

Todos estos dones maravillosos que son pequeñas parcelas divinas, es preciso desarrollarlos a fin de hacer crecer nuestro parecido con Jesús, único representante de Dios entre los hombres.

Llevamos en nosotros esta preciosa herencia espiritual, estas gracias divinas, verdaderos tesoros cuyo valor inmenso no sabemos medir bien.

Manifestados de diferente manera, para el bien de todos, cada uno puede descubrir en el fondo de su corazón estas joyas y hacerlas prosperar. Sería estéril dejarlas escondidas, enterradas. Es compartiendo unos instantes de vida con los que nos rodean, con preocupación de tolerancia, como estos instantes toman todo su sentido.

 Estas joyas preciosas, esta herencia espiritual, no nos pertenecen más que temporalmente e ignoramos en que momento nos será preciso dar cuenta de ellas.

Jesús nos ha confiado la tarea de continuar lo que él ha venido a transmitir, a proseguir con ella para preparar el reino de Dios.

San Francisco Javier, misionero en la India, escribía que la alegría experimentada en dar era tan grande, que una vez sentida, no se deseaba otra cosa que vivir siempre en esa dicha.

Continuaba pidiendo que, a lo largo de toda la vida que le quedaba antes de encontrarse con el Creador, perciba en la intimidad de su alma la muy santa voluntad de Dios y que él pueda cumplirla perfectamente.

En efecto Dios nos ha confiado su palabra, en nosotros está repartirla y utilizarla con inteligencia.

En nosotros está volverla eficaz cerca de los que tienen necesidad de ser sostenidos, es construyendo la paz y la justicia, tratando a todos con tolerancia y clemencia que se vuelve gracia en el que la recibe.

Basta con pocas cosas, San Pablo dice: "Podría hablar todas las lenguas de la tierra, si no tengo caridad, si me falta el amor, no soy más que un cobre que resuena" (Col,1,12-31)

He ahí la llave de nuestro edificio espiritual: Confiar en el Padre, estar a la escucha del Espíritu Santos para que nos guíe. Utilizar la oración para recibir la ayuda cuando nuestro coraje está puesto a prueba. No dudar en sacar provecho de nuestros impulsos de bondad, en dejar hablar a nuestro corazón, en alimentar nuestro espíritu de pensamientos más preocupados de la felicidad de los demás que de la nuestra.

Esto no es siempre fácil, es cierto.

No enterremos nuestros talentos espirituales, pensemos en la alegría de repartir, volvamos nuestra vida fértil a través de nuestras palabras y nuestros actos con un gran respeto a la libertad de cada uno.

 

 

 

 

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