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Bilbao,
16-11-2008
Los
talentos espirituales
"Nadie puede huir de su corazón, es por lo que es mejor escucharle". P. Coelho
Se podría añadir que cada uno construye su propio juicio.
Entonces, henos aquí prevenido. Nuestro divino Padre ha querido hacernos
compartir toda esta riqueza de amor que es la suya, pero nos ha dejado libres de
tomar de ella tanto como deseemos e incluso de ignorarla.
Cada uno tomará sus responsabilidades en función de lo que ha recibido.
Todos estos dones maravillosos que son pequeñas parcelas divinas, es preciso
desarrollarlos a fin de hacer crecer nuestro parecido con Jesús, único
representante de Dios entre los hombres.
Llevamos en nosotros esta preciosa herencia espiritual, estas gracias divinas,
verdaderos tesoros cuyo valor inmenso no sabemos medir bien.
Manifestados de diferente manera, para el bien de todos, cada uno puede
descubrir en el fondo de su corazón estas joyas y hacerlas prosperar. Sería
estéril dejarlas escondidas, enterradas. Es compartiendo unos instantes de vida
con los que nos rodean, con preocupación de tolerancia, como estos instantes
toman todo su sentido.
Estas joyas preciosas, esta herencia espiritual, no nos pertenecen más que
temporalmente e ignoramos en que momento nos será preciso dar cuenta de ellas.
Jesús nos ha confiado la tarea de continuar lo que él ha venido a transmitir, a
proseguir con ella para preparar el reino de Dios.
San Francisco Javier, misionero en la India, escribía que la alegría
experimentada en dar era tan grande, que una vez sentida, no se deseaba otra
cosa que vivir siempre en esa dicha.
Continuaba pidiendo que, a lo largo de toda la vida que le quedaba antes de
encontrarse con el Creador, perciba en la intimidad de su alma la muy santa
voluntad de Dios y que él pueda cumplirla perfectamente.
En efecto Dios nos ha confiado su palabra, en nosotros está repartirla y
utilizarla con inteligencia.
En nosotros está volverla eficaz cerca de los que tienen necesidad de ser
sostenidos, es construyendo la paz y la justicia, tratando a todos con
tolerancia y clemencia que se vuelve gracia en el que la recibe.
Basta con pocas cosas, San Pablo dice: "Podría hablar todas las lenguas de la
tierra, si no tengo caridad, si me falta el amor, no soy más que un cobre que
resuena" (Col,1,12-31)
He ahí la llave de nuestro edificio espiritual: Confiar en el Padre, estar a la
escucha del Espíritu Santos para que nos guíe. Utilizar la oración para recibir
la ayuda cuando nuestro coraje está puesto a prueba. No dudar en sacar provecho
de nuestros impulsos de bondad, en dejar hablar a nuestro corazón, en alimentar
nuestro espíritu de pensamientos más preocupados de la felicidad de los demás
que de la nuestra.
Esto no es siempre fácil, es cierto.
No enterremos nuestros talentos espirituales, pensemos en la alegría de
repartir, volvamos nuestra vida fértil a través de nuestras palabras y nuestros
actos con un gran respeto a la libertad de cada uno.
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