PARROQUIA DE SAN VICENTE MARTIR DE ABANDO

            UNIDAD PASTORAL ABANDO-ALBIA

                                   48001 BILBAO

 

 

              

Bilbao, 8 de Junio de 2008

 

Queridos amigos,

 Os envío esta carta, la última antes del verano; durante las vacaciones se hacen más fluidas y cercanas las relaciones con los hijos y con los amigos. ¿Cuál debe de ser nuestra actitud como padres y adultos?

 Algunos padres me cuentan el vértigo que les produce meter a su hijo en la carrera de ese afán de posesiones que nunca tiene límites. Hay una cosa que decían los antiguos, les digo y que no falla nunca: “enseñar el valor del esfuerzo y de lo que uno mismo consigue por su propio mérito”. Y junto a eso, amor. Sustituir el dicho de “quien bien te quiere te hará sufrir”, por el que dice: “quien bien te quiere no te hace sufrir, pero te exige, te aprecia y te premia o castiga por tu propio bien y el de todos”.

 Es interesante actuar con ese principio. Pienso que es elemental para una educación positiva. Os ofrezco unas cuantas ideas que escuché en una conferencia sobre este asunto. A ver qué os parece.

 

José María Ruiz de Azúa

Párroco

 

 

  

 

1.- Lectura del Evangelio según San Lucas 9, 46-48

 

Los discípulos comenzaron a discutir quién de ellos era el más importante. Pero Jesús, que se dio cuenta de lo que estaban pensando, tomó a un niño, lo puso a su lado y les dijo: “El que acepta en mi nombre a este niño, a mí me acepta; y el que me acepta a mí, acepta al que me ha enviado. Porque el más insignificante entre todos vosotros, ése es el más importante”.

 

 

 2.- Lectura de la entrevista:

 

 ¿QUÉ ES LA EDUCACIÓN POSITIVA?

 

Unas breves y rápidas ideas

 

—> Se trata de reforzar las buenas actitudes y comportamientos del niño en vez de recriminarle las malas acciones.

—> Si le felicitas a un niño cuando hace algo bien, el pequeño se sentirá estimulado para continuar su buen comportamiento. Estará feliz y lleno de satisfacción. Por el contrario si le reñimos continuamente, se irá convirtiendo en un pequeño rebelde, porque no sentirá estímulos suficientes para portarse bien.

—> El niño necesita saber que sus padres y profesoras están satisfechos de él. Ese es su mejor premio y triunfo.

—> Hay que dedicar más tiempo a alabar los buenos comportamientos que a castigar las malas acciones, esto no quiere decir que no tengamos que corregirle, pero es mejor a solas y haciéndole ver lo que ha hecho.

 —> Cada día hay que sorprenderle haciendo algo bien para poderle felicitar. Para que hagan las cosas bien tenemos que enseñarle a hacerlas y poner una serie de normas en casa para que las vayan cumpliendo. Con las normas les cuesta menos obedecer.

 

El objetivo final en la educación de un niño consiste en que termine por encauzar su vida por sí mismo. Una buena estrategia para conseguirlo, consiste en reforzar las buenas actitudes, es decir, alabar la parte positiva del comportamiento del niño en vez de recriminarle todo el día sus malas acciones.

 Los niños necesitan saber que nosotros, tanto padres como profesores, estamos satisfechos con ellos. Es su gran triunfo y recompensa.

 Con esta actitud conseguiremos que el niño por ejemplo sea generoso, en vez de estar recalcándole todo el día lo "egoísta" que es. Si alabamos a un niño cuando hace bien las cosas, se sentirá estimulado para continuar su buen comportamiento, se sentirá feliz y lleno de satisfacción. Si el niño nota que sus padres y/o profesores están contentos cuando obedece, en su subconsciente rechazará la actitud de la desobediencia.

 Es preferible emplear más tiempo en alabar los buenos comportamientos en los niños que castigar sus malas acciones.

 Pero, ¿qué podemos hacer nosotros, padres y profesores para contribuir a mejorar el comportamiento y actitud de nuestros niños?. Adoptar actitudes positivas, por ejemplo:

 

*          Sonreírles a menudo y contagiarles nuestro buen humor. Para ello dejaremos el cansancio acumulado o nuestros problemas fuera de la clase o de casa. Procurar ver el aspecto positivo de las cosas.

*          Cuando no podamos más contar hasta diez.

*          No ver problemas donde no los hay.

*          Ir por delante de ellos dándoles ejemplo. No podemos exigir a un niño que haga lo que nosotros no somos capaces de hacer.

*    Explicarles las cosas en el momento oportuno.

*   No caer en la tentación de pensar que los niños son demasiado pequeños para entender las cosas. Ellos entienden más de lo que imaginamos. A los niños hay que enseñarles a escuchar.

*          Sin amenazarles, ya que no siempre cumplimos esas amenazas. Los niños no nos tomarán en serio y perderemos toda credibilidad.

 

 

3.- Reflexión personal:

 

¿Sé ver el aspecto positivo de los acontecimientos, de las cosas y de las personas?

¿Se lo digo, de alguna forma, a los que viven conmigo?

¿Sé respetar el ritmo de crecimiento de cada hijo?

 

 

4.- Oración:

 

“Creo, Señor, ayuda a mi poca fe”. (Mc. 9, 24)

 

 

 

 

 

  

Principal ] Tiempo Ordinario ] Nuestro correo ] Oración mensual ] Celebraciones litúrgicas ] Albia ] Sobre la liturgia ] Familia cristiana ] Sacramentos ] EL DOMINGO ] Homilías ] Lecturas del día ] Red de evangelización ] Contraportada ] Mensaje para la semana ]

Exclusivamente para uso privado. No reproducir.