¿Cómo se deja de creer?
José Antonio Pagola
Más de una vez me he encontrado con personas que, de entrada, me
han dicho con toda sinceridad: «Mira, yo no sé lo que me ha
pasado estos años, pero he cambiado mucho por dentro. Ya no sé
si creo o no. No estoy seguro de nada». Si quieres, vamos a
pensar juntos: ¿cómo se deja de ser cristiano?
A algunos os ha pasado una cosa muy sencilla. Sin daros cuenta,
habéis ido abandonando todo lo que podía nutrir vuestra fe. Y,
naturalmente, privada de alimento, vuestra fe se ha ido
extinguiendo. Algunos me decís que no habéis tenido tiempo para
«esas cosas». Bastante teníais con estudiar o buscar trabajo.
Otros ponéis otras razones... No es difícil entenderos. Pero hay
una cosa muy clara: si no la alimentas, tu fe terminará muriendo
del todo. Si quieres reavivarla, la tienes que cuidar mejor.
Al mismo tiempo, os ha podido pasar otra cosa. Sencillamente, la
fe que habéis vivido de niños se os ha quedado corta, como los
trajes que usabais aquellos años. Habéis ido creciendo en
conocimientos, en cultura y personalidad, pero vuestra fe no ha
crecido. Es normal que esa «religión infantil» no os sirva ahora
para dar sentido y orientación a vuestra vida de adultos. Si
ahora queréis conocer una fe adulta, tendréis que dejar a un
lado esquemas y planteamientos infantiles y aprender a creer de
manera más responsable.
Otros habéis ido dejando la fe porque os habéis sentido
maltratados por la vida. Ya no creéis en nada ni en nadie. Al
menos, eso os parece. Vuestras heridas son demasiado dolorosas
para poder vivir con paz interior. Para reavivar vuestra fe,
necesitáis descubrir a un Dios Amigo. Cuánto bien os haría
encontraros con creyentes buenos que os escuchen y comprendan.
Otros me decís que estáis decepcionados por las posiciones que
adopta la Jerarquía. Os hace «daño» leer ciertas declaraciones
de los Obispos. No os sentís bien en la Iglesia. Os parece
anacrónica, poco tolerante, machista, prepotente. Sé muy bien
lo que sentís. Yo conozco bastante bien la Iglesia por dentro y
sufro al ver lo lejos que estamos del evangelio en muchas cosas.
Pero no tenemos que confundir nunca a Dios con los obispos o los
curas. Si quieres encontrarte con Dios, lo importante es que
escuches tu propia conciencia, sin buscar excusas en lo que
hacen los demás.
Algunos no habéis tenido fuerza para soportar el clima que se
respira hoy entre nosotros. Habéis tenido que escuchar, a veces,
insinuaciones y frases que os han hecho daño: «¿Todavía vas a
misa?», «no te has liberado aún de los curas?», «¿sigues
creyendo en esos cuentos?». Poco a poco, sin darte cuenta, tu fe
ha quedado como «reprimida» dentro de ti. Al final, has
terminado haciendo lo que hacen muchos: dejarlo todo.
Si quieres descubrir lo que Dios puede ser para ti, tienes que
reaccionar y ser tú mismo. No es bueno vivir «como todos», sin
escuchar los interrogantes y anhelos que llevas dentro de ti.
Otros, tal vez, habéis vivido experiencias íntimas que os han
hecho mucho daño. Nunca las habéis contado a nadie, pero están
muy dentro de vosotros: la muerte que os arrebató al ser más
querido; el aborto al que os forzó vuestra pareja; esa
enfermedad que ha cambiado totalmente vuestra vida... ¿Cómo vais
a confiar en Dios?". Tal vez, lo primero es curar vuestras
heridas. Vosotros y vosotras necesitáis más que nadie el
consuelo de Dios. Sin duda, son variados y diferentes los
caminos que pueden alejar de Dios. Sólo tú sabes lo que has
vivido. Ahora, si quieres encontrarte con él, tendrás que
recorrer también tu propio camino.
Nadie lo puede hacer por ti. Tú eres el que tiene que escuchar a
Dios en el fondo de tu corazón.