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UNA
ORACIÓN NUEVA
PARA
UNA
NUEVA EVANGELIZACIÓN
JOSE ANTONIO PAGOLA
II.
CONVOCADOS A UNA NUEVA
EVANGELIZACION
El
Evangelio no es una realidad que flota en el vacío. El Evangelio es siempre
«acontecimiento histórico». Nunca, en ninguna parte, existe en sí mismo y
por sí mismo. El Evangelio se encarna y existe en personas concretas que lo
anuncian y comunican y en personas concretas que lo acogen y lo viven. Por
eso, no existe evangelización sin evangelizadores. Y no acontecerá una
evangelización nueva si no hay evangelizadores nuevos.
El
problema vocacional del que tanto se habla hoy en la Iglesia occidental, no
consiste, sobre todo, en la escasez del número de sacerdotes y religiosos,
sino en la ausencia de la experiencia de vocación. No se escucha la llamada
del Resucitado a evangelizar. Son muchas las parroquias, las comunidades y
grupos cristianos que viven su fe sin sentirse llamados a comunicarla.
Son
muchos los cristianos, incluso practicantes convencidos, que viven sin
sospechar siquiera que ellos puedan tener alguna responsabilidad de anunciar y
comunicar algo a los demás.
El
Vaticano II afirmaba, sin embargo, que «la Iglesia entera es misionera y
la obra de la evangelización es un deber fundamental del Pueblo de Dios».
Despertar esta conciencia de que todo el Pueblo de Dios es portador
activo de la evangelización y de que todos estamos llamados a evangelizar,
representaría hoy entre nosotros una novedad de gran alcance. Si queremos
echar las bases de una nueva evangelización es necesario despertar la vocación
misionera y el potencial evangelizador de los creyentes, las familias, los
grupos cristianos, las comunidades y las parroquias.
1.
La llamada a la evangelización
La
llamada a la evangelización no se despierta sin más en el trabajo, en medio
de la agitación y la actividad nerviosa. No nace automáticamente de la
lectura de los objetivos y programas pastorales. La llamada a la misión sólo
se capta en un clima de atención, apertura y escucha a Aquel que nos está
llamando. De ahí, la importancia de la oración para la misión
evangelizadora.
No
cualquier oración. Una oración hecha de silencio y de escucha a ese Dios
que, en Cristo, ama a todos los hombres y quiere que «todos lleguen al
conocimiento de la verdad». Para que surjan hoy nuevos evangelizadores no
basta una oración que nos lleve a ahondar en las exigencias y el contenido de
la nueva evangelización. Es necesario escuchar la llamada. Es necesario el
encuentro con el que nos llama. Sólo en el encuentro amoroso y silencioso se
escucha la llamada a la misión, algo se conmueve dentro de nosotros, se
despierta la seducción por la tarea evangelizadora, todo nuestro ser se
siente llamado a proseguir hoy la acción salvadora, sanadora y esperanzadora
del mismo Cristo.
Por
otra parte, la vocación siempre es personal. La ha de escuchar cada creyente.
Hay siempre una llamada dirigida a mí, a la que nadie puede responder en mi
nombre. Esta respuesta insustituible la he de dar yo. Por eso, la verdadera
vocación a la evangelización sólo puede nacer de este encuentro personal.
San Juan destaca bien esta dimensión vocacional en la experiencia pascual de
María Magdalena. María reconoce al Resucitado en el momento en que se siente
llamada por su propio nombre: «María». Sólo entonces podrá
escuchar personalmente su misión: «Vete donde los hermanos
y
diles
...
Fue María Magdalena y dijo a los discípulos: "He visto al Señor"
(Jn 20, 16-18).
Nuestra
Iglesia está necesitada de esta oración en la que los creyentes se sientan
llamados por su propio nombre a la tarea evangelizadora.
2.
Espiritualidad apostólica
No
basta escuchar la llamada. La nueva evangelización está pidiendo el
desarrollo de una espiritualidad apostólica: aprender a vivir como enviados
de Jesucristo, entender y vivir la existencia cristiana como servicio a la
evangelización, sentirse destinados a la difusión y crecimiento del
Reino de Dios.
Esta
espiritualidad apostólica nace y se alimenta en la oración, pues la
espiritualidad del apóstol o enviado consiste en vivir desde Otro para otros,
vivir desde Cristo para los hermanos. San Pablo dice que ha recibido de
Jesucristo
«la gracia y el apostolado» (Rm 1, 5). Sólo en la experiencia del encuentro
con Cristo se desarrolla la personalidad apostólica y el creyente se sabe «escogido
para el Evangelio de Dios» (Rm 1, 1).
Con
frecuencia, el apostolado se suele considerar como algo añadido al ser
cristiano. Una acción, un deber, una consecuencia que algunos extraen de su
vivencia de la fe. La nueva evangelización no tendrá fuerza si en nuestras
comunidades no se capta que «todo cristiano, por el hecho de serlo,
participa de la condición de enviado propia de Jesucristo y es, por tanto,
por el sólo hecho de ser cristiano, enviado, apóstol, evangelizador».
Como
recordaba D. Bonhöffer, Jesús dice: «Vosotros sois la sal de la
tierra»; no dice «debéis ser la sal» o «vosotros tenéis la
sal». Jesús dice «sois la luz del mundo»; no dice «debéis
ser la luz» o «vosotros tenéis la luz». Es la fe misma la que,
vivida hasta el fondo, se convierte en Evangelio, anuncio, testimonio,
irradiación del Reino de Dios.
La
nueva evangelización no será posible sin el desarrollo de la personalidad
apostólica de los cristianos, y esto exige una oración que ayude a pasar
de una vivencia de la fe centrada en uno mismo a una existencia cristiana
volcada hacia los demás. Una oración en la que el creyente se sienta
arrastrado por la corriente del amor de Dios a los hombres. Una oración en la
que se vea remitido y enviado a los hombres como destinatarios de la ternura
del Padre. Una oración donde la adhesión a Cristo, Enviado de Dios a los
hombres, nos vaya configurando como apóstoles.
Esta
«oración apostólica» es absolutamente necesaria para que en nuestras
comunidades cristianas se pase de una fe vivida como en secreto y a escondidas
a una fe confesante, de una fe vivida de forma privada a una fe expresada y
anunciada, de una fe vivida como de incógnito a una fe testimoniada y
encarnada en el mundo, una fe que desarrolla su fuerza salvadora en medio de
la sociedad.
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NUEVA EXPERIENCIA DE DIOS COMO BUENA NOTICIA
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